La relación Estado y sociedad

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Uno de los tópicos recurrentes en los análisis del derecho administrativo es la relación entre el Estado y la sociedad. Así, por ejemplo, José Esteve Pardo, comienza la introducción de su libro La nueva relación entre Estado y sociedad. Aproximación al trasfondo de la crisis afirmando: «Desde hace un tiempo tengo la intuición de que en la relación entre Estado y sociedad –a través de sus diversas correlaciones sucedidas en la historia– se encuentra una esclarecedora clave para entender relevantes aspectos de la cultura europea en los tres últimos siglos».

En mi opinión, esta dicotomía plantea una forma de ver la realidad muy insuficiente, ya que oculta importantes aspectos de ella (también tengo que confesar que ya también he utilizado dicha dicotomía).

Tanto el Estado como la sociedad son entidades complejas. El poder estatal no es un poder monolítico. Existen poderes públicos infraestatales y supraestatales, como es el caso de la Unión Europea. La sociedad está formada por individuos, pero también por toda una maraña de personas jurídicas: empresas, sindicatos, movimientos sociales… lo que pone de manifiesto la pluralidad de intereses existentes dentro de la sociedad.

En muchas ocasiones se utiliza la palabra sociedad como un término eufemístico, para no mencionar a las empresas. Así, cuando se señala que los procesos de privatización han devuelto los servicios públicos al ámbito de la sociedad, lo que se debería decir es que se han entregado a las empresas privadas (en algunos casos, como en las telecomunicaciones, debería puntualizarse que se han entregado a los oligopolios privados). Es destacable cómo en este uso de la palabra sociedad no aparecen por ningún lado l@s ciudadan@s.

La dicotomía Estado – sociedad oculta que el enorme incremento de poder de algunos sujetos privados se ha debido a decisiones concretas del poder público. La financiarización de la economía ha sido, en gran medida, el resultado de las políticas públicas; como la eliminación en Estados Unidos de obligación de separación entre la banca de depósitos y la banca de inversiones (podéis ver en relación con esto la película Inside Job, totalmente recomendable, por cierto), o la libre circulación de capitales. Los Estados han favorecido, o cuando menos facilitado, la globalización neoliberal.

La dicotomía Estado – sociedad oculta así que los enormes poderes privados surgen como resultado del proyecto político neoliberal, dominante desde hace más de treinta años. Neutraliza todo este proceso. También oculta las formas en que los intereses privados están parasitando lo público.

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