Desarrollo sostenible y deuda ecológica

El desarrollo sostenible se define como aquel tipo de desarrollo que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones del futuro para atender sus propias necesidades.

Desde el punto de vista jurídico, es uno de los principios que configuran el derecho ambiental. Incluso ha sido positivizado en diversas normas, por ejemplo en el artículo 3.2 del Tratado de la Unión Europea.

Técnicamente se suele considerar como un principio, como un mandato de optimización. Lo que implica que el ordenamiento jurídico debe dirigir al sistema socioeconómico hacia la consecución de dicho objetivo, teniendo en cuenta las circunstancias existentes que podrán modular su aplicación concreta en la práctica. En mi opinión la consideración de desarrollo sostenible como un principio plantea el problema de que se diluye el resultado que pretende proteger el desarrollo sostenible que no es otro que garantizar que las generaciones futuras puedan cubrir sus necesidades. Dicho en otras palabras, el principio del desarrollo sostenible debería asegurar que no vamos a esquilmar los recursos del planeta.

Según la New Economics Foundation, España ha entrado en deuda ecológica el día 22 de abril. Esto significa que España gasta más recursos que los que produce y emite más dióxido de carbono del que absorbe. El impacto del consumo de España es 3,25 veces superior a su biocapacidad. Si todos los habitantes del mundo vivieran como los españoles, serían necesarios tres planetas enteros para cubrir sus necesidades. En 2011 la Tierra entró en déficit ecológico el 27 de septiembre. [Puedes ver la noticia aquí].

Estos hechos ponen de manifiesto que el principio del desarrollo sostenible es puro papel mojado. La incoherencia entre lo que dicen las leyes y la realidad de nuestro sistema socioeconómico se puede poner de manifiesto a través de la diferencia entre derecho normado y derecho practicado, que ya he comentado en este blog.

Sin embargo, creo que este enfoque crítico resulta insuficiente ya que oculta el efecto fundamental que ha tenido la positivación del principio de desarrollo sostenible. Sus efectos en el ámbito real, en el sistema socioeconómico han sido escasos, pero sus efectos en el ámbito ideológico han sido más importantes.

La idea de desarrollo sostenible ha otorgado una legitimación extra al sistema económico capitalista, que así puede presumir de haberse adecuado a las exigencias de la protección medioambiental. Ha servido para legitimar la lógica del crecimiento propia del capitalismo sin imponer ningún límite efectivo a éste.

Coincido con muchas personas en que la consecución del desarrollo sostenible sólo se podrá hacer a través de la superación del sistema económico capitalista. Una superación en la que los juristas tendremos algo que decir, aunque sólo sea para criticar la actual configuración del derecho medioambiental.

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