Consideraciones críticas sobre el derecho de propiedad privada

El derecho de propiedad privada es un mecanismo jurídico que protege y asegura la apropiación individual de los recursos existentes dentro de una sociedad. ¿De dónde surgen esos recursos o bienes que luego son objeto de apropiación privada?

Esos recursos surgen de la naturaleza o son producto del trabajo humano. En su conjunto, los bienes que son el resultado del trabajo humano se producen socialmente, son el fruto del trabajo de infinidad de personas. Por decirlo con otras palabras, unas personas pueden trabajar como abogados, como jueces o como profesores de derecho porque hay otras personas que cultivan alimentos, confeccionan ropa, limpian la suciedad que dejan los demás, o construyen viviendas. Miguel Hernández explicó de forma muy hermosa la socialidad del trabajo en los primeros versos de su poema «Aceituneros»:

Andaluces de Jaén

Aceituneros altivos,

decidme en el alma: ¿quién,

quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,

ni el dinero, ni el señor,

sino la tierra callada,

el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura,

y a los planetas unidos,

los tres dieron la hermosura

de los troncos retorcidos.

El problema es que al final, son los propietarios de los medios de producción los que se apropian del fruto del trabajo colectivo y no quienes han puesto su trabajo y su sudor. Esta es la contradicción básica que existe en el capitalismo. Una contradicción básica que no parece interesar mucho a los profesores de derecho, que proclaman la conexión existente entre la propiedad privada y la libertad, y que afirman que la propiedad privada está estrechamente vinculada con el libre desarrollo de la personalidad.

Hay que reconocer que en parte llevan razón, en nuestra sociedad tener un buen acopio de propiedad privada permite el libre desarrollo de la personalidad. Sobre todo a quienes son propietarios de los medios de producción. ¿Y qué pasa con quienes ponen el trabajo y el sudor?

Como señaló Karl Marx, en la Crítica del Programa de Gotha (1875): «el hombre que no posea otra propiedad que su propia fuerza de trabajo, en cualesquiera situaciones sociales y culturales, tiene que ser el esclavo de los otros hombres, de los que se han hecho con la propiedad de las condiciones objetivas del trabajo. Sólo puede trabajar con el permiso de éstos, es decir: sólo puede vivir con su permiso».

La propiedad privada es una institución básica en el capitalismo, porque permite la apropiación individual de lo que se produce socialmente y porque garantiza que quienes no poseen más que su fuerza de trabajo estén condenados a trabajar para otros para poder subsistir.

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